Anclarse es perder.
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3.11.13.
Error

Nos conocimos por error
Yo vine a amarte
Y tú a romperme el corazón.
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2.16.13.

Noches de jazz y sueños dolorosos, incertidumbre, desnudez, con fuerte olor a alcohol, a rancio e insomnio. Ella se desnuda para ella sola, como si nadie mas la viera.
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2.14.13.
I need your loving like the sunshine

-Por qué me miras así?
-Porque te quiero grabar en mi memoria, quiero grabar tus pupilas en las mías, tenerte así, perpetuarte para siempre en mi, solo por si un día decido borrarte de mi memoria, quisiera al menos conservar este recuerdo, el recuerdo de tu cara y el áspero de tu barba en mis manos.
-Lo harías, me borrarías?
-Solo si me haces daño
-Entonces si
-Te sorprenderás

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2.05.13.

La primera vez que fui a tu casa supe que siempre dejaría algo allí,
la vergüenza por la desnudez fue lo primero en quedarse,
luego mi virginidad junto a los temblores de mis rodillas al roce de sus dedos por mis piernas al correr mis bragas.
Así sucesivamente se fue quedando el resto de mi esencia,
los sudores en tu cama y la desaparición continua de todas mis pulseras.
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2.02.13.
Cuando el amor no es como deberia
Se conocieron porque así lo quiso el destino
O tal vez los unió la casualidad.
Él, triste, espiritual y con miedo al amor.
Ella, increíble, tropezada, hecha de cierta irrealidad.
Él supo al instante que ella tocaba el alma.
Ambos andaban extraviados en el mundo buscando por algo menos real.
En sus ojos ella chispeaba haciendo contacto directo en el corazón,
doliéndole que la sangre de su cuerpo latiera por otro,
ella tardó en comprender la afinidad de sus almas, hasta que las tardes se consumieron en el calor de sus cuerpos y las vibraciones musicales del jazz, en olor a vainilla, intercambios de miradas, juegos intensos y cigarros.
Ella sabía que él quería quemarse en su piel, y que sus almas se entendieron ese primer momento en que se vieron el uno al otro,
Se encendieron.
Y por creer que se hacía menos daños al corazón,
ella se volvió a su antiguo compañero de cama.
Él cayó. Se abrió una puerta, desvaneció su alma.
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2.02.13.
Amazonas
Sin las formalidades ante puestas, ni las previas reglas del juego, así nos habíamos conocido.
No flores, no juego de palabras, no mentiras.
Nos habíamos amado el uno al otro, pero sin saberlo.
Eramos como el sol y la luna en su perpetuo acuerdo de respeto y amor el uno al otro, eclipsábamos del resto del mundo a la hora de hacer el amor.
A pesar de ser sabores distintos como la montaña y el viento, como el mar salvaje y traicionero, yo aprendí a recorrer sus mas altas cordilleras con mis manos, y el mis mas profundas aguas con todo su cuerpo.
Estábamos solos siempre, en mutua compañía, pero solos del mundo.
Por las noche le leía en voz baja un poco de Cortázar o de Gabriela Mistral para que pudiera dormir, también le gustaba que leyera después de hacer el amor o incluso cuando se drogaba.
No me gustaba que fumara, pero no me oponía, al fin y al cabo el decía que lo hacia porque yo le dolía un poco en los huesos cada vez que lo engañaba.
Prefería eso, a que se me fuera de entre los brazos, las piernas y los dientes.
El era tan mio, como yo era irremediablemente suya.
El agua del mar atlántico se había llevado mis ultimas lagrimas, sus palabras aguijoneaban mi piel y mi estomago, maldito sea el amazonas, no se que le encontraba, yo y mi miedo a los mosquitos, él y su maldito corazón bohemio y loco, y roto.
Desnudos y solos como siempre, en el medio del universo.
Salvajes mujeres amazónicas con vello púbico lo habían alejado de mi.
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2.02.13.
Paris de mon amour
Mas pronto de lo que habíamos soñado
estábamos viajando por todo París
de extremo a extremo,
desde la Vitry-Sur-Seine
hasta Gonesse.
Era el fin del verano
hacía calor, pero no tanto que no pudiéramos soportar.
En estos días París estaba sobre poblada,
aunque ciertamente, no conozco una época del año
donde la gente no quiera venir a París.
Sentarnos a comer en la Place de la Concorde era correr un riesgo demasiado grande.
Era un mal día, muchos turistas, que vienen que van,
excluyéndonos, porque ya nos sentíamos parte del lugar.
Entonces Marcel recordó una pâtisserie que había visitado el verano pasado,
el lugar estaba en la Rue du Bac, Pâtisserie des Rêves,
Marcel tenía razón, el viaje en bicicleta había valido la pena.
Todo esto de andar en bicicleta es porque nos habíamos prometido no usar automóviles si queríamos disfrutar de París íntegramente.
Acordamos que París debía de ser admirada y recordada en cada detalle.
Lo que mas amábamos de todo esto, eramos nosotros mismos,
no habían dos como nosotros en todo París, en toda Francia, ni siquiera en toda Europa.
Los atardeceres nos atrapaban siempre en las calles, agarrados de las manos,
en París el sol era dorado
y al caer la tarde, decoraba todos los edificios y las calles de un mismo color destellante.
Era entonces cuando volvíamos a nuestro pequeño chalet,
algunas noches si no estábamos muy agotados de nuestras largas caminatas,
eramos los primeros sentados en las filas de la cinemateca,
viendo alguna película extranjera en un idioma que no entendíamos,
quemando nuestras pupilas con las primeras imágenes frescas que salían del proyector
por encima de nuestras cabezas y luego proyectada hacia nuestros ojos.
Me gustaba la compañía de Marcel,
especialmente cuando era una película melodramática de las que me hacían llorar.
Marcel y yo,
estábamos perpetuados en la memoria de París, como dos amantes,
con noches llenas de blueberry pies y helados de vainilla,
con olor a vino por las noches y a café por las mañanas,
que el amor se hace mejor si estás en París, pero mucho mejor si estaba con él.
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2.01.13.
Boom!

Se tiraba dos lineas de coca cada noche,
medio gramos cada linea, lo suficiente para sangrarle la nariz
y llegarle a los escombros del cerebro,
dejarla tumbada y muerta sobre la alfombra hasta el amanecer.
Menuda, insignificante, de cabello corto y negro,
ojos grandes del color de un onix recién pulido, sin sentimientos,
su corazón parecía haberse podrido de haber recibido tanta heroína,
tan acostumbrada al dolor que ya no le sentía, desaliñada, llorosa.
Y él, él la amaba,
aunque nunca logró rescatarla de aquella oscuridad en la que se había sumergido.
Le llenaba la casa de flores, de miel, de cosas que podrían endulzarle la vida, le hacía el amor solo cuando ella quería, cuando necesitaba que fuera su esclavo, cuando quería someterle a su propia tortura de no amarlo.
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2.01.13.

Te imaginas mis piernas rodeándote?
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